EL ROBO DE NIÑOS Impunidad y silencio: un delito continuado en el tiempo

EL ROBO DE NIÑOS

Impunidad y silencio:

un delito continuado en el tiempo

Cuando la impunidad se une al silencio no existe límite para la infamia.

1. La impunidad:

Primera etapa: Represión política (durante la guerra hasta los años 50)

Este crimen tiene su origen en la guerra y en los primeros años de la dictadura, donde se promulgaron decretos que respaldaban la separación de los niños de las mujeres republicanas con una finalidad de clara represión política, bajo el amparo de delirantes teorías de naturaleza nazi como la del psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera que propugnaba la existencia de un gen rojo, causa de taras mentales e inferioridad racial que llevaban a conductas psicópatas antisociales, por lo que era preciso la segregación desde la infancia, ya que esa inferioridad podría ser corregida en edades tempranas. Según el auto del Juez Baltasar Garzón del 18 de noviembre de 2008, fueron más de 30.000 niños los apartados de sus madres en esta etapa.

El destino de esos niños fue variado, pero muchos de ellos fueron a parar a matrimonios adeptos al régimen franquista, posiblemente a cambio de dinero o de favores. Se abre la puerta, por tanto, también a un negocio que se extenderá durante años.

Segunda etapa: Fanatismo ideológico del Nacional Catolicismo (años 50, 60 y 70)

En esta etapa, el objetivo son las familias humildes las que se convierten en víctimas de estos crímenes y donde cada vez va cobrando más fuerza, también, el móvil económico. Existe una diferencia importante con respecto a la etapa anterior. Estas familias, al contrario de las mujeres republicanas, no son conscientes de estar siendo víctimas de un robo. El medio para separar a los niños de sus madres no son ya unas Leyes que amparen el robo, sino el engaño y la manipulación a estas familias diciéndoles que su bebé había muerto. Es el momento en el que se piensa que surgen las tramas donde personal médico, administrativo y religioso, por motivos ideológicos y/o económicos, trafica con neonatos desde la seguridad del que tiene un cargo o estatus que le sitúa en una posición de poder.

Tercera etapa: Móvil económico (Finales de los años 70 hasta los años 90)

Esta situación no finalizó con la llegada de la Democracia aunque el móvil ya no parece político, ni ideológico, sino puramente económico. La estimación que se tiene es de 300.000 niños robados en la segunda y tercera etapa. Esta conducta delictiva continuó una vez terminada la dictadura por la ausencia de ruptura con una determinada estructura de poder después de la muerte del dictador. No hubo un cambio radical ni de actitudes ni de actuaciones. Determinados estamentos no fueron democratizados y los cargos que muchas personas mantuvieron durante la dictadura los siguieron manteniendo durante la Democracia, por lo que los presuntos implicados (personal sanitario, religioso y funcionario) pudieron seguir actuando año tras año.

Estas etapas no son episodios aislados de nuestra Historia reciente, sino que todas se relacionan a lo largo de una misma línea temporal cuyo hilo conductor es la impunidad en determinadas pautas criminales, y que llega hasta época muy próxima debido a la ausencia de una ruptura profunda con algunos ambientes sociales, políticos y jurídicos.

2. El silencio:

En la segunda y tercera etapa, Las familias salían del hospital en un estado de shock por la “pérdida” del hijo, junto con una terrible situación de desamparo. Hubo mujeres que nunca consiguieron hablar sobre lo ocurrido. Las que lo hicieron casi siempre fueron consideradas mujeres trastornadas que no habían podido superar la muerte del hijo. En todos los casos, estas mujeres nunca pudieron concluir su duelo y el silencio formó para siempre parte de sus vidas.

Sin embargo, el silencio de las víctimas no fue el único silencio. No es posible que se produjeran tantos casos de robos sin que nadie viera absolutamente nada. Hubo testigos, en algunos casos tuvieron que ser cómplices activos, en otras ocasiones lo fueron por omisión. El robo de niños era un rumor consistente pero mientras las familias víctimas de estos delitos vivían sin comprender qué había ocurrido, la sociedad miraba para otro lado y nadie hacía nada por evitarlo.

En cuanto a las otras familias, las receptoras, creemos que no sabrían que estaban acogiendo a un niño robado. Algunas están ahora ayudando a los niños a encontrar sus orígenes. Otras, sin embargo, no están dispuestas a hablar. Muchos niños ni siquiera conocen su situación porque fueron inscritos como hijos biológicos. Los que la saben y desean conocer de dónde proceden se encuentran con infinitud de trabas, tanto familiares (temen que sus padres adoptantes se sientan dolidos) como administrativas ya que, a pesar de tener la Ley de su parte, no consiguen avanzar1. El silencio continúa.

Reconocer que somos víctimas es reconocer que se cometió un delito y que existen culpables.

Cuando el tiempo va pasando y hace unos años se produce una avalancha de noticias en los medios sobre los casos de los niños robados, muchas víctimas reviven lo sucedido. Empiezan a aflorar sentimientos de rabia y de culpabilidad y la idea obsesiva de que se podría haber evitado el robo. Un pensamiento sin base real porque el robo se produjo bajo engaño y las familias no podían saber lo que estaba sucediendo realmente. Las preguntas sobre dónde puede estar el hijo, cómo será, qué hará, comienzan y la ansiedad por la separación y su necesidad imperiosa de saber de ese hijo que creían muerto ocupa ya toda su existencia. Una constante en las familias que buscan es pensar que su hijo, esté donde esté, puede creer que fue abandonado y esto les provoca una terrible inseguridad al imaginar que cuando lo encuentren puede no creer la verdad de lo sucedido. La angustia provocada por este pensamiento hace que se genere un miedo espantoso al anhelado reencuentro, ya que temen que si el hijo no cree lo ocurrido se separe definitivamente de ellos, o simplemente ya sea muy tarde para crear ciertos lazos. El terror a perder de nuevo al hijo es algo presente en todas las familias que buscamos.

Nuestros niños, nuestros desaparecidos vivos, fueron despojados de su identidad y de sus orígenes. Cuando deciden investigar, el miedo a lo que puedan averiguar sobre su origen, sobre por qué no se criaron con sus familias biológicas, si alguien los espera y las infinitas trabas administrativas hacen que el camino también sea para ellos muy difícil. El respeto a la intimidad, a la privacidad y al ritmo de búsqueda de una persona hacía su origen debe ser extremo. Emprender esta búsqueda no significa para todos ellos que quieran encontrar un hogar o una restitución de identidad, lo importante es que una persona que desee buscar sus orígenes tenga el derecho a saber quién es su familia biológica y los motivos de la separación de su origen. Y más adelante, podrán decidir o no el reencuentro con todo aquello que unos criminales decidieron quitarle.

El significado de una Justicia efectiva es una Justicia real y verdadera.

Lo que hizo que se tomara en consideración este crimen fue la aparición de los niños que ahora, ya adultos, empezaban a buscar a sus familias biológicas. Estos niños averiguaban que habían sido comprados porque sus padres así lo confesaban en su lecho de muerte. La mayoría habían sido inscritos como hijos biológicos. En 2010 hubo infinidad de casos que salieron a la luz y cientos de denuncias se pusieron pero, bien por falta de pruebas documentales, bien por considerar que no había indicio de delito o bien por prescripción, se fueron archivando una tras otra.

Sin embargo, en abril de 2012 se imputó a sor María Gómez Valbuena por su supuesta implicación en el robo de Pilar Alcalde, hija de María Luisa Torres2 . Este caso fue todo un símbolo pero sufrió el archivo provisional tras la muerte de la monja. Es conocido que actualmente en nuestra Comunidad hay imputados por otros casos pero las asociaciones no conseguimos que el Estado nos informe adecuadamente sobre el número de denuncias que se han presentado en total, cuántas han sido archivadas, cuántas diligencias hay abiertas, cuántos imputados hay en todo el país La desinformación se presenta como una estrategia más contra las víctimas.

De las reuniones que se han realizado entre el Ministerio de Justicia y las asociaciones han resultado medidas que no responden a lo que las víctimas esperaban. Por un lado, las iniciativas del Ministerio tienden a tratar estos delitos como casos familiares individuales con una clara intención de anular el activo y fuerte asociacionismo que esta causa desarrolla; por otro lado, estás medidas únicamente están relacionadas con la vía administrativa sin contemplar consecuencias judiciales3.

La Circular de la Fiscalía General del Estado del 26 de diciembre de 20124 abría una vía interesante pero después de haber pasado varios meses se ha podido comprobar que no todas las Fiscalías Provinciales asumen su cumplimiento y las Audiencias Provinciales actúan sin un criterio uniforme, por lo que el archivo de denuncias se sigue produciendo, los niños continúan desaparecidos y nadie está en la cárcel pagando por estos delitos.

Cuando el futuro es algo más que una esperanza

La Justicia española no ha abierto en ningún momento una investigación general. Lo que hay en algunos Juzgados son unos pocos casos que se están examinando como hechos aislados porque no consideran que sigan patrones comunes ni que se hubieran producido de manera masiva, generalizada, cuando todos sabemos que esto se produjo justo al contrario: décadas de robos que seguían patrones comunes y que se producían de forma sistemática, donde necesariamente para poder producirse debía estar implicado personal de las instituciones del Estado. Tanto el Ministerio como la Fiscalía desvinculan estos delitos de los crímenes del Franquismo. Nosotros creemos que sí existe esta vinculación y por eso participamos en la Querella argentina.

La Verdad nos sigue pareciendo imprescindible pero ya no es suficiente. La Justicia se presenta como una necesidad imperiosa contra la impunidad de los que actuaron de forma criminal y todavía hoy se saben intocables. Realmente, ¿acaso se puede obtener la Verdad si no es a través de la Justicia? Tan solo investigando y poniendo en práctica una Justicia efectiva se podrá conseguir encontrar la única Verdad posible, aquella con la que miles de ciudadanos españoles puedan conocer por fin su auténtica identidad, aquella verdad que nos ayude a buscarlos, aquella que nos guíe en el reencuentro. Tenemos toda la vida por delante para conseguirlo.

Soledad Luque Delgado. Presidenta de la Asociación “Todos los niños robados son también mis niños”.

En representación de las asociaciones participantes en la querella argentina.

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