Declaraciones del profesor Ariel Jerez en Argentina.

Estuvo en Buenos Aires invitado por la investigadora Susana Sel, para participar en las jornadas “Derechos Humanos, Comunicación y Memorias en Acción”, coordinadas por la UBA, la Universidad Nacional de Rosario y el Instituto Gino Germani. Y, en medio de las ponencias, habló con Tiempo Argentino sobre la dictadura franquista, y la puerta que según él cerró definitivamente España cuando la Audiencia Nacional impidió que Baltasar Garzón investigara los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la Guerra Civil y perpetrados por el Estado. Hoy, la única causa abierta en el mundo sobre aquella dictadura, que arrastra 110 mil fusilados y 30 mil niños secuestrados por los falangistas, tramita en el juzgado argentino de la Dra. María Servini de Cubría.

“En mis clases de Sistema Político Español –comienza–, una de las cosas que permanentemente reclamo a mis alumnos es la necesidad de que tengan reflexión crítica sobre lo hecho por la llamada ‘transición’ política que, a mi juicio, es responsable de buena parte del problema actual. ¿Cómo es posible que treinta años después del franquismo, sigamos manejando el discurso de una transición ejemplar? Porque los gobiernos que llegaron luego de la dictadura no sólo taparon aquel período tan traumático y escondieron la memoria, sino que además provocaron la crisis actual, y cerraron las puertas para cualquier proyecto alternativo posible en el campo económico y social en general.”
–Da la impresión de que el problema español es doble. Por un lado, el Estado se niega a revisar el pasado, y, por otro, tampoco la sociedad demuestra mucho interés en hacerlo.
–Es verdad, pero yo analizaría las causas por lo que ocurre eso. Porque, de otra manera, nos quedaríamos con la respuesta simplista de decir “a la gente no le interesa saber sobre los crímenes de (Francisco) Franco porque ha pasado mucho tiempo”, y ya. En España no hubo un discurso público que estimulara a reflexionar sobre la dictadura. Lo que ancla estas cuestiones es la dimensión jurídica, y cuando esa dimensión no existe, el tema queda a merced de los vaivenes de la opinión pública. Y ahí es donde la derecha se maneja muy bien. Yo lo definiría como la estrategia del revisionismo negacionista, a través de medios de comunicación y figuras del Partido Popular, que viven negando los crímenes de lesa humanidad del franquismo. Este particular análisis revisionista ha logrado actualizar aquellas tesis impuestas por el sistema a lo largo de 40 años de dictadura, que equiparaban la violencia, como si el bando nacional y el republicano hubieran generado los mismos muertos. No son comparables las responsabilidades, a partir de la violencia indiscriminada ejercida por el Estado, y su profundo agravio hacia las víctimas que generó esa violencia. Los dictadores llegaron a instalar que la Guerra Civil no se produjo a partir del golpe de Franco, sino que fue motivada por la revolución de los mineros de Asturias de 1934. Otro discurso oficial fuerte fue imponer la idea de que la “verdadera democracia” nació de las entrañas del franquismo, gracias al desarrollismo económico de los años sesenta.
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