«Los que no quieren investigar el pasado carecen de empatía»

VALLADOLID. Ana Messuti es una abogada argentina doctorada en Salamanca. Desde 2010 está presente en la querella ante la justicia argentina por las víctimas del Franquismo. Ayer estuvo en Valladolid para participar en un acto de defensa de los represaliados en el Centro Cívico Bailarín Vicente Escudero. –¿Por qué su presencia en Valladolid para esta conferencia? –Gracias al contacto con Julia Merino, una de mis querellantes, que es de aquí –también intervino en el acto–. He estado en La Coruña, Barcelona, vengo de Valencia, donde me invitó una asociación para la recuperación de la memoria y un querellante. Las agrupaciones son esenciales en esto. –¿Cuándo y cómo empezó su labor en este tema español? –Baltasar Garzón fue para nosotros una referencia fundamental, el detonante, cuando empezó a juzgar a Chilingo y emprendió acciones contra Pinochet. En 2008 tuvo que inhibirse de lo que estaba investigando en España y a nosotros, dos abogados aquí y seis en Argentina, que hemos investigado los casos más importantes de Derechos Humanos y genocidas allí, nos pareció importante hacer algo también por España, ya que él no podía. Coincidió, además, que se presentó el querellante Darío Rivas, hijo del alcalde de Castro Rey, en Lugo. Tuvimos muy pocos querellantes hasta el pasado febrero, cuando condenaron a Garzón. Entonces empezaron a presentarse una cantidad enorme. Tenemos 70 presentadas en Argentina y 30 en trámites. –¿Qué le pareció lo ocurrido con el juez Garzón? –Algo inadmisible. Cuando se ocupaba de nuestros casos no tenía problema. Estos son crímenes gravísimos, por lo tanto, de jurisdicción universal, y se aplican los tratados universales. Al no dejarlo actuar, España está distanciandose de la legislación de la comunidad internacional, que ellos mismos contribuyeron a crear desde que sancionaron esas convenciones hace años. –¿Cuántos crímenes cometió el franquismo? –Es muy difícil de calcular, por referencias históricas más de 100.000, incluso 150.000 personas sin exagerar. Realmente impresionante. –Muchos piensan que no hay que remover el pasado. –Las personas que piensan así en general no tienen familiares represaliados y carecen de empatía, de la capacidad para ponerse en el lugar del otro, de comprender que solo quieren recuperar los restos de su familia para que no estén tirados como un perro. Merecen, al menos, una digna sepultura, entregarlo a los familiares. Es como si se pusiera orejeras, no miran a los costados y les dan un ejemplo a los jóvenes de que lo que hay que hacer es desentenderse de lo que le pasa al resto. El pasado todavía no es pasado porque aún hay descendientes que sufren. Colectivamente, un ordenamiento jurídico que no tiene en cuenta los crímenes está viciado, caminando sobre cadáveres si pasas sobre una fosa. Hay que aplicar el principio de proporcionalidad. No puedes encarcelar a quién roba un coche y no a los genocidas. –¿Algún país ejemplar? –En España se suele hablar de que se hizo una transición ejemplar. –Yo no lo he vivido, lo sé por referencias. La transición significa pasar de una dictadura a una democracia en la que la represión disminuyó. Pero la democracia no es la panacea, hay que buscar la justicia, combatir la impunidad. La transición, claro, necesita ceder. En Argentina fue doloroso. Costó muchos años la reparación. A la transición no se le puede pedir todo, pero España quedó muy insatisfecha. La ONU tiene varias recomendaciones que advierten contra las transiciones impunes. Y en España es total, no se ha juzgado a uno solo de los responsables de los crímenes. ¿Se sabe el número de restos humanos que hay en las fosas? –También aquí hay polémica por las calles y referencias a Franco. –Tendrán que quitarse todas. Ese clima de impunidad lleva a uno de tolerancia. Tener un monumento significa respetar y venerar a una persona, no querer admitir que ha sido un genocida. Mantenerlo es hacer apología del genocidio y del delito. Si dejas un monumento estás haciendo una apología del genocidio. Y eso es delito. –¿Qué casos le han llamado más la atención? –Todos te indignan y son igualmente horribles pero, por ejemplo, hay una señora con alzheimer que no siempre reconoce a su hija pero se acuerda de que ‘los francos’ se llevaron a su padre en una fecha determinada. También están las diez víctimas de Pajares. A una no le quedaban parientes y el grupo lo incorporó como denuncia. Es la solidaridad de no solo preocuparse de los parientes, sino de todos. –¿Cómo debe ser el final de esto? –La causa está en marcha, recogiendo información. Pasará lo que tiene que pasar. Se debe hacer justicia. La última palabra la debe tener un juez, un tribunal, sea donde sea. No sabemos si el verdugo de las víctimas murió, pero por no saberlo no debemos dejar de investigar.

http://elnortedecastilla.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx

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